El tabaco y las encías: una relación destructiva
El tabaco es, tras la placa bacteriana, el factor de riesgo más importante para el desarrollo y la progresión de la enfermedad periodontal. Esta afirmación no es una opinión clínica: está respaldada por décadas de investigación epidemiológica y biológica. Los fumadores tienen entre 2,5 y 6 veces más probabilidades de desarrollar periodontitis que los no fumadores, y la enfermedad en fumadores tiende a ser más severa, más generalizada y más resistente al tratamiento.
Según la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA), se estima que más del 40% de los casos de periodontitis crónica en adultos son directamente atribuibles al tabaquismo. Esto convierte al tabaco en el factor de riesgo modificable más importante en periodoncia: a diferencia de la predisposición genética, que no se puede cambiar, el hábito tabáquico sí puede eliminarse.
En España, aproximadamente el 22% de la población adulta fuma a diario. Muchos de esos fumadores desconocen que su hábito no solo afecta a los pulmones y al corazón, sino que está destruyendo silenciosamente los tejidos de soporte de sus dientes. La boca es la primera puerta de entrada del humo y, por tanto, el primer órgano expuesto a sus más de 7.000 compuestos químicos, de los cuales al menos 70 son carcinógenos conocidos.
Lo más peligroso del efecto del tabaco en las encías es su doble acción: destruye los tejidos periodontales mientras, simultáneamente, enmascara los síntomas que permitirían detectar el daño a tiempo. Es la combinación perfecta para una enfermedad que avanza sin ser descubierta.
Mecanismos de daño periodontal por tabaco
El tabaco daña los tejidos periodontales a través de múltiples mecanismos biológicos que actúan de forma sinérgica. Comprender estos mecanismos ayuda a entender por qué la periodontitis del fumador es particularmente agresiva y difícil de tratar.
En primer lugar, la nicotina provoca una vasoconstricción potente y sostenida en los vasos sanguíneos de la encía. Esto reduce drásticamente el flujo sanguíneo al tejido gingival, lo que limita el aporte de oxígeno, nutrientes y células defensivas (neutrófilos y macrófagos) a la zona. Una encía mal irrigada es una encía vulnerable a la infección bacteriana.
En segundo lugar, el tabaco altera profundamente la respuesta inmunitaria local y sistémica. Reduce la función de los neutrófilos (las primeras células en acudir a combatir la infección), disminuye la producción de anticuerpos (inmunoglobulinas A y G) en la saliva y altera el equilibrio de citoquinas inflamatorias, favoreciendo un estado proinflamatorio crónico que destruye hueso.
En tercer lugar, el tabaco modifica la composición del biofilm bacteriano subgingival. Los fumadores albergan un microbioma periodontal más patógeno, con mayor prevalencia de bacterias agresivas como Porphyromonas gingivalis, Tannerella forsythia y Aggregatibacter actinomycetemcomitans, las tres especies más asociadas a la destrucción periodontal.
Por último, la nicotina inhibe la proliferación y la función de los fibroblastos gingivales (las células responsables de sintetizar el colágeno de la encía) y de los osteoblastos (las células que forman hueso nuevo). Esto significa que la capacidad de reparación y regeneración del periodonto está gravemente comprometida en los fumadores, incluso después del tratamiento.

El tabaco enmascara los síntomas: el gran peligro
Este es quizás el aspecto más insidioso del tabaquismo en relación con la enfermedad periodontal. El síntoma más temprano y reconocible de la gingivitis y la periodontitis es el sangrado de encías. Cuando las encías están inflamadas, sangran al cepillarse, al usar hilo dental o incluso de forma espontánea. Este sangrado actúa como una señal de alarma que lleva al paciente a consultar.
Sin embargo, en los fumadores, la vasoconstricción provocada por la nicotina reduce el sangrado gingival incluso en presencia de inflamación activa y destrucción ósea. Las encías del fumador pueden parecer relativamente normales — rosadas y firmes — mientras por debajo la enfermedad avanza destruyendo hueso e inserción. Es como una alarma de incendio desconectada: el fuego sigue quemando, pero nadie lo escucha.
Estudios clínicos han demostrado que los fumadores con periodontitis presentan hasta un 50% menos de sangrado al sondaje que los no fumadores con el mismo grado de enfermedad. Esto lleva a diagnósticos tardíos: cuando el fumador finalmente consulta, habitualmente lo hace por movilidad dental o por un absceso periodontal, signos de enfermedad avanzada donde la destrucción ósea ya es significativa e irreversible.
En la práctica clínica, esto significa que debemos extremar la vigilancia con los pacientes fumadores. En PerioMax, ante cualquier paciente fumador, realizamos un sondaje periodontal completo (medición de las bolsas periodontales en seis puntos por diente) y un estudio radiológico, independientemente del aspecto superficial de las encías. La ausencia de sangrado en un fumador no es sinónimo de encías sanas: es, frecuentemente, una cortina de humo.
Impacto del tabaco en implantes dentales
El tabaco no solo destruye los dientes naturales, sino que también compromete significativamente el pronóstico de los implantes dentales. La evidencia científica es contundente: los fumadores tienen un riesgo de fracaso del implante entre 2 y 3 veces mayor que los no fumadores.
Durante la fase de osteointegración (los primeros 3-6 meses tras la colocación del implante), la nicotina interfiere con la formación de hueso nuevo alrededor de la superficie del implante. La vasoconstricción reduce el aporte sanguíneo al lecho quirúrgico, la inhibición de los osteoblastos ralentiza la formación ósea y la alteración de la respuesta inmunitaria aumenta el riesgo de infección perioperatoria. Todo ello incrementa la probabilidad de que el implante no se integre y deba retirarse.
A largo plazo, los fumadores que consiguen una osteointegración exitosa tienen un riesgo elevado de desarrollar periimplantitis, la enfermedad inflamatoria que destruye el hueso alrededor del implante ya integrado. La periimplantitis del fumador es especialmente agresiva y responde peor al tratamiento. La tasa de periimplantitis en fumadores puede alcanzar el 30-40%, frente al 10-15% en no fumadores según estudios de seguimiento a 10 años.
En PerioMax, no denegamos el tratamiento con implantes a los fumadores, pero sí informamos con absoluta transparencia sobre los riesgos aumentados. Recomendamos encarecidamente un protocolo de cesación tabáquica: idealmente, dejar de fumar al menos 4 semanas antes de la cirugía y mantener la abstinencia al menos 8 semanas después. Este periodo permite que la microcirculación gingival y la función celular se recuperen parcialmente.
Cada cigarrillo que se evita antes y después de la cirugía de implantes mejora el pronóstico. Si no puede dejar de fumar completamente, incluso una reducción significativa del consumo es beneficiosa. Pero no podemos ocultar la realidad clínica: fumar es la forma más eficaz de perder un implante dental.
Dejar de fumar: beneficios para la salud periodontal
La buena noticia es que los beneficios de dejar de fumar para la salud periodontal comienzan a manifestarse relativamente pronto y se incrementan con el tiempo. La evidencia científica demuestra que los exfumadores responden significativamente mejor al tratamiento periodontal que los fumadores activos.
Tras las primeras semanas sin tabaco, la microcirculación gingival comienza a recuperarse. El aporte de oxígeno y nutrientes a la encía mejora, y la capacidad de las células defensivas para combatir la infección se normaliza progresivamente. En estudios clínicos, los pacientes que dejaron de fumar antes del raspado y alisado radicular mostraron una reducción de la profundidad de las bolsas periodontales un 40% mayor que quienes continuaron fumando.
A los 12 meses de abstinencia, el riesgo de progresión de la enfermedad periodontal se reduce significativamente. A los 5 años, el perfil de riesgo periodontal del exfumador se aproxima al del no fumador, aunque la recuperación no es completa si la destrucción ósea ya se había producido. El hueso perdido no se regenera espontáneamente al dejar de fumar, pero sí se detiene la progresión de la pérdida.
En cuanto a los implantes dentales, los exfumadores de más de un año presentan tasas de éxito y supervivencia comparables a las de los no fumadores. Es una diferencia clínicamente muy relevante: pasar de un 85% a un 95% de tasa de éxito a 10 años simplemente dejando de fumar.
Somos conscientes de que dejar de fumar es extraordinariamente difícil. La nicotina es una de las sustancias más adictivas conocidas. No juzgamos a nuestros pacientes fumadores, pero sí consideramos nuestra responsabilidad clínica informarles con datos objetivos para que puedan tomar decisiones informadas. Si desea apoyo para dejar de fumar, podemos orientarle hacia los recursos de cesación tabáquica del sistema de salud.
Vapeadores y cigarrillos electrónicos: ¿una alternativa segura?
Con la creciente popularidad de los cigarrillos electrónicos y vapeadores, muchos pacientes nos preguntan si el vapeo es más seguro para las encías que el tabaco convencional. La respuesta, basada en la evidencia disponible hasta la fecha, es que el vapeo no es una alternativa segura para la salud periodontal.
Aunque los cigarrillos electrónicos eliminan la combustión del tabaco (y con ella muchos de los compuestos tóxicos del humo), la mayoría contienen nicotina, que como hemos descrito es el principal responsable de la vasoconstricción gingival, la alteración inmunitaria y la inhibición de los fibroblastos y osteoblastos. Mientras haya nicotina, hay daño periodontal.
Además, los aerosoles de los cigarrillos electrónicos contienen propilenglicol, glicerina vegetal, formaldehído, acroleína y partículas ultrafinas metálicas que generan estrés oxidativo en los tejidos orales. Estudios in vitro y estudios clínicos recientes publicados en revistas como Journal of Dental Research e iScience han demostrado que la exposición al vapeo induce citotoxicidad en las células gingivales, altera la expresión génica de los fibroblastos periodontales y promueve una respuesta inflamatoria comparable a la del tabaco convencional.
Un estudio longitudinal de la Universidad de Nueva York publicado en 2023 encontró que los usuarios de cigarrillos electrónicos presentaban un perfil de microbioma subgingival tan disbiótico como el de los fumadores de tabaco convencional, con mayor prevalencia de bacterias periodontopatógenas.
En resumen: si su objetivo es proteger sus encías y sus implantes, el vapeo no es la solución. La única alternativa verdaderamente segura es la abstinencia completa de nicotina en cualquiera de sus formas. Si utiliza el vapeo como herramienta de transición para dejar el tabaco convencional, considérelo un paso intermedio, no un destino final.
En PerioMax tratamos la enfermedad periodontal del fumador con los mismos protocolos rigurosos que aplicamos a cualquier paciente, pero sabemos que el resultado será mejor cuanto antes se elimine el factor tabáquico. Si es fumador o vapeador, le invitamos a consultar para evaluar el estado real de sus encías, más allá de lo que el aspecto superficial pueda sugerir.

