MITO: «Los implantes dentales son muy dolorosos»
Este es, con diferencia, el mito que más frena a los pacientes a la hora de decidirse por un implante dental. Y es completamente comprensible: la idea de que le inserten un tornillo de titanio en el hueso de la mandíbula suena intimidante. Sin embargo, la realidad clínica es muy diferente a lo que la imaginación sugiere.
La cirugía de colocación de un implante se realiza bajo anestesia local, la misma que se utiliza para empastar una caries. El hueso maxilar carece de terminaciones nerviosas de dolor propioceptivo, por lo que la preparación del lecho implantario no genera las señales de dolor agudo que se asocian, por ejemplo, a una pulpitis (nervio inflamado). Durante la intervención, el paciente nota presión y vibración, pero no dolor.
En el postoperatorio, la mayoría de los pacientes describen las molestias como más leves que las de una extracción dental convencional. Un estudio publicado en Clinical Oral Implants Research evaluó el dolor postoperatorio tras la colocación de implantes unitarios y encontró que el 75% de los pacientes necesitó analgesia solo durante las primeras 24-48 horas, y un 35% no necesitó analgésico alguno más allá del día de la cirugía.
En PerioMax, además de la anestesia local, ofrecemos la opción de sedación consciente para pacientes con ansiedad dental. Esto permite una experiencia completamente relajada, sin recuerdo de la intervención. Nuestro protocolo postoperatorio incluye medicación antiinflamatoria y analgésica pautada que controla eficazmente cualquier molestia residual.
La verdad es que el dolor anticipado es casi siempre mayor que el dolor real. La mayoría de nuestros pacientes salen de consulta sorprendidos de lo poco que les ha molestado. Y muchos se arrepienten de haber esperado años por miedo a un dolor que nunca llegó.
MITO: «Cualquier persona puede ponerse implantes sin problema»
Aunque los implantes dentales tienen tasas de éxito muy elevadas (superiores al 95% a 10 años), no es cierto que cualquier persona sea candidata sin una evaluación previa rigurosa. Existen condiciones que pueden comprometer el resultado o que requieren un abordaje específico.
El factor más importante es la cantidad y calidad del hueso disponible. Para que un implante se integre correctamente, necesita estar rodeado por hueso suficiente en anchura y altura. Los pacientes que llevan años sin dientes suelen presentar reabsorción ósea significativa. En estos casos, puede ser necesario realizar un injerto óseo o una elevación de seno maxilar previo o simultáneo a la colocación del implante.
Las enfermedades sistémicas también deben considerarse. La diabetes no controlada (hemoglobina glicosilada superior al 8%) altera la cicatrización y la respuesta inmunitaria, aumentando el riesgo de infección y fracaso de la osteointegración. Los pacientes en tratamiento con bisfosfonatos intravenosos (para osteoporosis severa o metástasis óseas) tienen riesgo de osteonecrosis maxilar y requieren un protocolo especial. Los pacientes inmunodeprimidos o en tratamiento con radioterapia en cabeza y cuello necesitan una planificación cuidadosa.
El tabaquismo, como hemos descrito en otros artículos de este blog, es un factor de riesgo mayor pero no una contraindicación absoluta. La enfermedad periodontal activa no tratada sí es una contraindicación: primero se trata la periodontitis y después se colocan los implantes. Colocar un implante en una boca con periodontitis activa es como construir una casa en un terreno inestable.
La verdad es que la mayoría de las personas son candidatas a implantes dentales, pero el tratamiento debe individualizarse tras un estudio clínico y radiológico completo. En PerioMax, cada paciente recibe un plan de tratamiento personalizado basado en su anatomía, su salud general y sus expectativas.

MATIZ: «Los implantes duran toda la vida»
Esta afirmación contiene una verdad parcial que merece ser explicada con matices. El implante en sí (el tornillo de titanio que se integra en el hueso) puede efectivamente durar toda la vida. El titanio es un material biocompatible que no se corroe ni se deteriora con el tiempo. Existen pacientes que conservan implantes funcionales colocados hace más de 40 años, desde los primeros tratamientos del profesor Brånemark en los años setenta.
Sin embargo, un implante no es solo el tornillo. El sistema implantario tiene tres componentes: el implante (intraóseo), el pilar (la conexión intermedia) y la corona (el diente visible). La corona está sometida a las mismas fuerzas masticatorias que los dientes naturales y puede desgastarse, fracturarse o descementarse con el paso de los años, necesitando reemplazo.
Además, y esto es lo más importante, los tejidos que rodean el implante (encía y hueso) sí pueden enfermar. La periimplantitis es la enfermedad inflamatoria que destruye el hueso alrededor de un implante ya integrado, de forma análoga a como la periodontitis destruye el hueso alrededor de un diente natural. Si la periimplantitis avanza sin tratamiento, el implante puede perderse.
Los factores que más influyen en la longevidad de un implante son: la higiene oral del paciente, el mantenimiento profesional regular, la ausencia de tabaquismo y el control de enfermedades sistémicas como la diabetes. Un paciente que mantiene una higiene exquisita, acude a sus revisiones cada 4-6 meses y no fuma tiene una probabilidad superior al 95% de conservar su implante funcional a los 20 años.
La verdad con matices es: el implante puede durar toda la vida si usted hace su parte. Es una inversión a muy largo plazo, pero requiere mantenimiento, exactamente igual que un coche o una vivienda.
MITO: «Los implantes son mejores que los dientes naturales»
Este es un mito sorprendente que escuchamos con cierta frecuencia, y es importante desmontarlo con claridad. Ningún implante, por avanzado que sea, supera a un diente natural sano. Un diente natural tiene ligamento periodontal, una estructura que conecta la raíz con el hueso y que proporciona propiocepción (la capacidad de sentir la presión al morder), amortiguación de las fuerzas masticatorias y capacidad de adaptación posicional. El implante se integra directamente en el hueso (anquilosis funcional) y carece de ligamento periodontal.
Esta diferencia tiene implicaciones clínicas reales. El diente natural «siente» cuando muerde algo duro e inicia un reflejo protector que reduce la fuerza de mordida. El implante no tiene esta propiocepción, lo que significa que el paciente puede ejercer fuerzas excesivas sin darse cuenta, aumentando el riesgo de fractura de la prótesis o sobrecarga del hueso.
Además, la vascularización de los tejidos alrededor de un implante es menor que la de un diente natural, lo que implica una menor capacidad defensiva frente a la infección bacteriana. Por eso la periimplantitis, una vez establecida, tiende a progresar más rápidamente que la periodontitis en dientes naturales.
Esto no significa que los implantes sean una mala opción. Son una solución extraordinaria para reemplazar dientes perdidos, y su tasa de éxito es notablemente alta. Pero la filosofía en PerioMax es siempre intentar salvar el diente natural cuando existe un pronóstico razonable. Solo cuando la conservación del diente no es viable (por fractura, caries muy extensa o periodontitis terminal) recomendamos la extracción y el implante.
La verdad es que el mejor implante es el que no se necesita. Cuide sus dientes naturales con higiene, revisiones y tratamiento periodontal cuando sea necesario. Son insustituibles en el sentido más literal de la palabra.
MATIZ: «Los implantes pueden rechazarse»
El concepto de «rechazo» de un implante dental es probablemente el mito más extendido y el más malinterpretado. En sentido inmunológico estricto, los implantes de titanio no se rechazan. El titanio es un material bioinerte que no provoca una respuesta inmunitaria de rechazo como la que puede ocurrir con un trasplante de órgano. El sistema inmunitario no reconoce el titanio como un cuerpo extraño agresivo.
Lo que sí puede ocurrir es el fracaso de la osteointegración, que es un fenómeno diferente al rechazo. El fracaso de la osteointegración se produce cuando el hueso no consigue formarse de manera estable alrededor de la superficie del implante durante las primeras semanas tras la cirugía. Las causas más frecuentes son: sobrecalentamiento del hueso durante la preparación quirúrgica (técnica inadecuada), infección bacteriana del lecho implantario, carga prematura del implante (colocar la prótesis antes de que el hueso haya madurado) y factores del paciente como el tabaquismo o la diabetes no controlada.
La tasa de fracaso de la osteointegración en manos expertas y con pacientes adecuadamente seleccionados es inferior al 3-5%. Cuando ocurre, el implante se retira (un procedimiento sencillo y poco molesto, ya que precisamente no está integrado), se espera a que el hueso cicatrice durante 8-12 semanas y se coloca un nuevo implante, que en la inmensa mayoría de los casos se integra sin problemas.
También puede producirse un fracaso tardío, meses o años después de la osteointegración exitosa, debido a periimplantitis, sobrecarga oclusal o fractura del implante. Estos fracasos tardíos tampoco son rechazos inmunológicos, sino consecuencias de factores mecánicos o infecciosos.
La verdad con matiz es: los implantes no se rechazan, pero pueden fracasar por causas identificables y, en su mayoría, prevenibles. La elección de un profesional experimentado, un sistema de implante de calidad contrastada y un mantenimiento riguroso minimizan estos riesgos hasta niveles muy bajos.

Cuándo sí están contraindicados los implantes dentales
Aunque las contraindicaciones absolutas para implantes dentales son escasas, existen situaciones clínicas que requieren precaución especial o que pueden contraindicar temporalmente el tratamiento.
Las contraindicaciones absolutas incluyen: radioterapia reciente en el área maxilofacial (menos de 12 meses y sin protocolo de oxígeno hiperbárico), tratamiento activo con bisfosfonatos intravenosos a dosis oncológicas, enfermedades sistémicas graves no controladas que comprometan la cicatrización y el crecimiento óseo activo en pacientes muy jóvenes (menores de 18 años, ya que el hueso aún está en desarrollo y el implante quedaría en una posición inadecuada al completarse el crecimiento).
Las contraindicaciones relativas (que requieren estabilización previa pero no impiden el tratamiento definitivo) son más numerosas: diabetes con hemoglobina glicosilada superior al 8% (debe controlarse primero), enfermedad periodontal activa no tratada, tabaquismo intenso (más de 20 cigarrillos diarios), bruxismo severo no tratado, insuficiente volumen óseo (resoluble con técnicas de regeneración) y ciertos medicamentos como anticoagulantes (que requieren ajuste de la pauta, no suspensión, en coordinación con el médico prescriptor).
La edad avanzada, como hemos mencionado, no es una contraindicación. El estado de salud general importa más que la edad cronológica. Pacientes de 80 o 85 años en buen estado general pueden beneficiarse enormemente de los implantes dentales, recuperando la función masticatoria y la calidad de vida.
En PerioMax, cada caso se estudia individualmente con un enfoque multidisciplinar. La colaboración entre el cirujano maxilofacial, el periodoncista y, cuando es necesario, el médico de cabecera o el especialista correspondiente, permite ofrecer soluciones seguras incluso en situaciones complejas. Nuestro compromiso es la transparencia: si un implante no es la mejor opción para su caso, se lo diremos y le propondremos alternativas.
Si tiene dudas sobre si puede llevar implantes dentales, le invitamos a solicitar una consulta de valoración. Tras un estudio clínico y radiológico completo, su cirujano maxilofacial le explicará todas las opciones con la honestidad y la claridad que usted merece.

